CIUDAD DE MÉXICO.— Nuevos análisis científicos sobre restos vegetales recuperados en la Cueva de las Manitas, ubicada en Santiago Dominguillo, Oaxaca, revelaron la presencia de ejemplares de maíz con una antigüedad de hasta 5 mil 473 años. El hallazgo aporta piezas fundamentales para entender el extenso proceso milenario de experimentación mediante el cual los primeros grupos humanos domesticaron el cereal más emblemático de Mesoamérica.
Durante su conferencia en El Colegio Nacional, como parte del ciclo La arqueología hoy, la arqueóloga e investigadora del Centro INAH Oaxaca, Nelly M. Robles García, detalló que análisis independientes realizados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Harvard arrojaron fechamientos de 4 mil 810 y 5 mil 473 años antes del presente.
“Fue una época muy larga de experimentación”, precisó la especialista al explicar que estas muestras corresponden a ejemplares primitivos que antecedieron a las mazorcas modernas y que aún no constituían por sí solos la base alimentaria exclusiva de las poblaciones cazadoras y recolectoras.

La relevancia de este abrigo rocoso —situado en la Cañada oaxaqueña dentro de la Reserva Tehuacán-Cuicatlán, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2018— se integra a una red arqueológica fundamental junto a sitios como Guilá Naquitz y el Valle de Tehuacán.
Robles García destacó que estos puntos evidencian la existencia de un antiguo corredor interregional por el que transitaban bandas móviles en busca de alimento; una ruta estratégica que con los siglos se consolidó como vía de intercambio prehispánico, ruta ferroviaria y, finalmente, carretera moderna.
Un archivo protegido por el tiempo y el pastoreo
Las excavaciones sistemáticas iniciadas en 2022 confirmaron que la cueva no funcionó como vivienda fija, sino como refugio temporal donde se procesaban recursos. De manera fortuita, una capa de aproximadamente 10 centímetros de excremento de chivo acumulada durante décadas selló los depósitos arqueológicos, permitiendo una conservación orgánica excepcional.
Debajo de esta protección natural se recuperaron olotes, restos de cestería, cordeles, herramientas líticas y una amplia variedad botánica:
• El papel vital del maguey: Fue la planta más abundante hallada; proveía alimento, azúcares, espinas para coser y fibras. Se recuperaron incluso bolos de fibra masticada con restos de saliva que son analizados para extraer ADN antiguo.
• Dieta diversa: Se identificaron restos de calabaza, chile, aguacate, guaje, pochote y semillas de «venenillo», cuyo uso aún permanece bajo investigación.
Entre los hallazgos singulares destacan pequeñas fibras de agave que, mediante arqueología experimental, fueron identificadas como brochas antiguas que aún conservan residuos de pigmento.

Estos instrumentos permitieron plasmar en los muros de la cueva al menos cuatro etapas pictóricas: impresiones de manos de adultos y niños en positivo y negativo, pisadas de posibles infantes, figuras humanas, serpientes entrelazadas y representaciones botánicas que sugieren relatos míticos sobre el origen humano.
Preservación con enfoque comunitario
Frente a la fragilidad del sitio, el equipo multidisciplinario —que involucra a biólogos, restauradores y arqueobotánicos— ha sumado activamente a la comunidad de Santiago Dominguillo en la custodia del patrimonio.
Para evitar un turismo desmedido que comprometa el abrigo, el proyecto contempla la creación de un centro de visitantes y el diseño a largo plazo de cuatro centros de interpretación en la Ruta del Río Grande, apostando por un ecoturismo regulado donde la preservación comunitaria sea la prioridad.
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