CIUDAD DE MÉXICO.— Ante la alarmante expansión del gusano barrenador en Centroamérica, México y Estados Unidos, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) anunciaron el lanzamiento de un proyecto de investigación coordinado para contener y erradicar esta plaga.
La iniciativa, que tendrá una duración de cinco años y un presupuesto de un millón de dólares, utilizará tecnología nuclear mediante la Técnica del Insecto Estéril (TIE), un método que consiste en esterilizar insectos mediante radiación, de modo que, al ser liberados al medio ambiente, se apareen con ejemplares silvestres sin llegar a reproducirse, consiguiendo reducir la población del vector de forma progresiva.
⇒ El brote ha encendido las alarmas tras confirmarse a principios de junio el primer caso de gusano barrenador en ganado de Estados Unidos después de más de 40 años de erradicación y la reaparición en América Central y México.
El OIEA y la FAO también impulsará el Proyecto de Investigación Coordinada (PIC), que reunirá a expertos de más de 20 países —incluidos países de América del Sur donde la plaga es endémica — para fortalecer la vigilancia, optimizar la cría y esterilización de moscas y mejorar las estrategias de liberación y control.

Para una respuesta efectiva a la plaga de gusano barrenador con el método ITE se estiman necesarios hasta 600 millones de insectos estériles por semana, mientras que la producción actual ronda los 100 millones en la planta de COPEG, en Panamá, única planta operativa dedicada a esta tarea actualmente.
⇒ A esta cifra se sumarían futuras ampliaciones en centros de México y Estados Unidos, concretamente en Metapa de Domínguez (Chiapas) y Mission (Texas), que podrían incrementar la capacidad en hasta 400 millones de moscas semanales en los próximos años.
Este insecto fue eliminado anteriormente utilizando precisamente la técnica del insecto estéril para mantener una barrera biológica en el Tapón del Darién (sur de Panamá), que se mantuvo efectiva hasta 2022, cuando la plaga volvió a expandirse hacia el norte del continente.
El regreso del parásito supone, según la FAO, una “amenaza seria para la ganadería, el bienestar animal, la fauna silvestre y la salud pública”, con posibles impactos socioeconómicos significativos. Entre los efectos se incluyen pérdidas de animales, daños en cueros y una reducción en la producción de leche y carne.
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